sábado, 13 de diciembre de 2025

✨ En el tic-tac de la medianoche ✨


 Hubo un tiempo —grama fría de las montañas andinas o arena tibia bajo los pies— en que creíamos que un mensaje al 24 o al 31, a las 11:59, filoso como navaja, era el pulso del cariño, la sombra fiel en la vida ajena.

Hoy, al mirar el horizonte, el velo cae: no era amor de raíz profunda, ni costumbre de salitre y viento, sino hambre de pertenecer, miedo a la deriva, dependencia como ola que arrastra.

Las conexiones verdaderas no mendigan minutos exactos ni rituales al borde del abismo. Quien ama te teje en su día, a cualquier hora, sin reloj que mande. Y tú aprendes a soltar desde la calma, madura como tamarindo en sazón, sin afán de eco en el vacío.

Crecer es eso: abrazar con ternura las versiones rotas, besar las lecciones como heridas cicatrizadas, saber que no hay nada que probar en el último suspiro del año.

Pasé por esa marea, hasta que el silencio me enseñó: no todos abrían el alma a mis palabras. Lección tallada en el pecho, como cruz en la arena o nieve en la montaña.

Hoy, lejos del bullicio urbano, con mi descendencia en otras latitudes como aves al sur, me acompañan pocas amistades, faros en la niebla. Pero aquí, en esta tierra nuestra, disfruto la paz del alma, la raíz firme que nunca me abandona, por amor a mi gente y a mi suelo.


🌟 Que esta Navidad nos recuerde que el verdadero abrazo no depende del reloj, sino de la raíz que nos sostiene.


— Johercop

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